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Marcelo Valdés

Ordi Diario

ORDI DIARIO..........DIARIO POBRE PERO HONRADO Y NO MAMON..

Lo reafirma Manuel Contreras, pero hay una serie de antecedentes al respecto, desde la extraña historia del Cabro Carrera, exportado a Estados Unidos como traficante de drogas, hasta las conexiones con importantes capos de la actividad.

 

Por Osvaldo Pino

 

El asesino con uniforme, Manuel Contreras Sepúlveda, hocicón y narcicista, acusó al ex dictador Augusto Pinochet Ugarte de ser no solo asesino y ladrón, si no que también narcotraficante, algo que el FBI estadounidense sabía desde los años de 1970. Dijo además y para su envidia, que se forró en dólares obligando al ejército a destilar clorhidrato de cocaína en sus laboratorios de Talagante, donde el asesinado Eugenio Berríos habría instalado los alambiques para ello.  Nada dijo, sin embargo, de la comprobada participación de la DINA en el narcotráfico internacional, de sus vínculos con los carteles colombianos, los anticastristas y los “contras” nicaragüenses.

 

La droga, dijo en una declaración judicial donde se combinan por igual el deseo de venganza al sentirse traicionado por quien fue su jefe, la envidia, la amargura y la frustración de estar en una jaula de oro con rótulo de cárcel, pero jaula en fin y no en su casita como el carcamal criminal y cínico, le echó con la cundidora.

 

Para hacer el enredo aún peor, el asesino rematado de Manuel Contreras Sepúlveda, sostiene que Berrios está vivo y en poder de la DEA de Estados Unidos.  Berrios participó en muchos crímenes de la dictadura, entre estos la muerte sospechosa del ex presidente Eduardo Frei padre. Contreras dice que refinaba cocaína para Pinochet y así lo hizo saber al juez Claudio Pavez, a cargo de la investigación de la muerte del coronel Gerardo Huber, quien fue silenciado para siempre en 1992 por saber demasiado sobre los contrabandos de armas que negociaba el ex dictador.

 

El magistrado ratificó que el informe en que Manuel Contreras afirma que Augusto Pinochet se enriqueció gracias al narcotráfico, lo enviará al magistrado Carlos Cerda, quien indaga el origen de la fortuna del siniestro ex gobernante, ladrón y asesino. Pavez dijo que de acuerdo al informe de Contreras, Pinochet amasó su fortuna gracias al narcotráfico, e incluso añade que la distribución y lavado eran realizados por miembros de su círculo familiar, entre ellos su hijo Marco Antonio, quien este martes se querelló en su contra.

 

Eugenio Berríos, de acuerdo a Contreras, en los años de 1980 fabricaba un tipo especial de cocaína, conocida como coca negra, alcaloide muy difícil de detectar por los perros de los servicios antinarcóticos.

 

Pavez reconoció que estas denuncias “vienen publicitándose en distintos medios… Eso incluso sale en algunos libros que se publicaron en alguna época, de modo que es una historia que viene hace más de ocho años repitiéndose”.

 

Pavez agregó que el 23 de junio pasado, el ex director de la DINA le informó que tenía antecedentes que probarían que Eugenio Berríos, no está muerto y que fue entregado a la DEA estadounidense, tras ser sacado de Chile el año 1991, presumiblemente para evitar que declarara ante los tribunales nacionales en el proceso por el homicidio del ex canciller Orlando Letelier. El ideólogo de extrema derecha y abogado de Contreras, Fidel Reyes, insistió en que Berríos reside en Estados Unidos. “Según lo que yo sé, es que Berríos no estaría muerto. El peritaje que se le hizo a las osamentas, presuntivamente del señor Berríos, pareciera que fueran de un extranjero y no de él", dijo. Contreras sostiene que hace un par de años supo que el bioquímico estuvo en Chile cuando falleció un pariente.

 

Oficialmente en abril de 1995 el cadáver de Berríos fue hallado atado y con disparos en el cráneo, en la playa uruguaya de El Pinar y que su deceso había sucedido dos años antes. Por el momento nos quedamos con esa versión, porque Contreras no es el personaje más creíble y en este aspecto parece intentar crear revuelo y problemas.

 

Todo el ovillo de la espesa madeja comenzó a desenredarse, cuando un tímido diario La Ración señaló el domingo anterior que en el marco de la investigación por el homicidio del coronel Gerardo Huber, Contreras disparó contra Pinochet y afirmó que en el Complejo Químico del Ejército, en el suburbio de Talagante, se elaboraba cocaína. La acusación de Contreras está contenida en un informe que entregó al juez Claudio Pavez, quien investiga la muerte del coronel Huber, en 1992, a quien se liquidó para callarlo y evitar revelaciones sobre los contrabandos de armas, entre estos los que fueron a dar a Croacia. Contreras dijo que se había decidido a hablar por su amistad con Huber, ex integrante de la Dina y ex director de la Fábrica de Materiales y Armas del Ejército (Famae), una muerte ejecutada por la Dirección Nacional de Inteligencia del Ejército (DINE).

 

En junio pasado el juez Pavez fue al Penal Cordillera, donde Contreras cumple condena por la desaparición del militante del MIR, Miguel Angel Sandoval, para interrogarlo sobre su relación con Huber. Según Manuel Contreras, la elaboración de cocaína en el recinto del Ejército fue autorizada por Augusto Pinochet, y en la venta de la droga habrían participado Marco Antonio Pinochet y Edgardo Bathich, exportando la cocaína a Estados Unidos y Europa. Allí metió sus manos el pariente político de Bathich, el famoso traficante internacional de armas y drogas Monser Al Kassar.

 

Las investigaciones periodísticas sobre este tema, como el libro The Politics of Torture, de Hugh O''Shaughnessy, escrito en 1999, y La Delgada Línea Blanca: Narcoterrorismo en Chile y Argentina, de Rodrigo De Castro y Juan Gasparini, revelan las conexiones entre la dictadura, la familia Pinochet y el tráfico de drogas. La relación la conocía desde los años de 1970, el FBI. Según sus agentes, Manuel Contreras, como director de la DINA, dio protección a varios narcotraficantes, recibiendo por ellos pagos que fueron a la DINA y al lobby cubano anticastrista, el que ayudó en el asesinato de Orlando Letelier.

 

Una forma de financiar las operaciones exteriores de la DINA fue el comercio clandestino de drogas y el tráfico de armas. Los negocios entre Marco Antonio Pinochet, y Yamal Edgardo Bathich, ya fueron investigados por la desaparecida revista Análisis y fueron repetidas por el libro de De Castro y Gasparini. La historia indica que Marco Antonio y Bathich eran accionistas en la sospechosa empresa Chile Motores. Posteriormente el narco colombiano Jesús Ochoa Galvis, se vinculó a la compañía que cambió de nombre y se puso Focus Chile Motores.

 

Bathich, además, mantenía negocios con su primo Monzer Al Kassar, el traficante de armas sirio condenado en Londres por tráfico de drogas. Todos los negocios, incluyendo sociedades de papel en Panamá, estaban a cargo de Héctor Noveo, el hermanito del actual senador Jopito Noveo, el chiquillo que según él, actúa con la fuerza de la verdad.

 

Según O''Shaughnessy, hay nuevos antecedentes que entregan datos concretos de la larga vinculación entre la dictadura y la droga, que el estadounidense Saul Landau,  denunció al escribir: “Pinochet envió a la DEA de EE.UU. un avión cargado de narcotraficantes detenidos después del golpe (...) luego la mano derecha” del asesino y ladrón, “Manuel Contreras, puso sus propios hombres bajo protección de la DINA, en las mismas plantas de elaboración y puntos de embarque de la cocaína. Los cubanos anticastristas llevaban una parte en la operación. Las enormes ganancias fueron a suplementar el presupuesto clandestino de la DINA. Pinochet sostuvo a menudo que él controlaba a la DINA y en realidad lo hacía respecto de todo lo que sucedía en Chile. (...) A la luz de sus propias declaraciones y de las hechas por Manuel Contreras, sería imposible imaginar que el dictador ignoraba el tráfico de drogas".

 

Hugh O''Shaughnessy relata otras vinculaciones. Frankell Trinidad Moreno Baramdyka, infante de marina estadounidense, traficó droga y dinero en Centroamérica y el Caribe bajo órdenes de oficiales de su país para comprar armas a los contras nicaragüenses y pagar los sueldos de los mercenarios. Su esposa chilena era accionista de la empresa pesquera Redes del Pacífico. Otro accionista, Federico Silva, figuraba como funcionario del Consulado chileno en Los Angeles, mientras su padre, Fernando Silva, era director del Departamento de Fronteras del ministerio de Relaciones Exteriores.

 

En 1985. Moreno Baramdyka trabajó como gerente general de Redes del Pacífico, que era ocupada como empresa pantalla para exportar cocaína. Tanta fue la notoriedad de la operación mafiosa, que en marzo de 1987, Estados Unidos pidió a la dictadura su arresto y extradición. En diciembre de 1987, la Corte Suprema decidió que podía ser extraditado, sin embargo Pinochet no lo dejó salir. Permaneció detenido por giro doloso de cheques. Sabía mucho.

 

Uno de los aspectos menos conocidos de esta operación, fue que los cárteles colombianos fueron abastecidos de materias primas para la elaboración de cocaína, eter y amoníaco, por el Complejo Químico Industrial de Talagante del Ejército. Uno de los implicados declaró que había entregado dos millones de dólares a un funcionario del consulado chileno en Bogotá  de parte de los colombianos, como pago. Moreno Baramdyka reconoció su relación con Bathich y otros: “Bathich decía tener buenos contactos en los más altos niveles del gobierno de Pinochet y con los servicios de inteligencia. Se jactaba de importar cocaína desde Brasil oculta en motores de segunda mano y a través de camionetas y helicópteros desde Bolivia. Una cierta cantidad era reexportada a Estados Unidos con la ayuda de personal de una aerolínea”.

 

Al respecto hay que recordar que en los años de 1970 y comienzos de la década de 1980, se encontró droga en aviones de LAN, en aparatos de la propia FACH enviados para reparaciones al norte e incluso, en un barco de la Armada. Eran los años en que el almirante José Toribio Merino visitada frecuentemente Arica, donde se relacionaba con aristocráticos caballeretes vinculado a los cárteles. No olvidemos que Pablo Escobar Gaviría jamás fue un patipelado como lo pintan. Es de la familia Gaviria e incluso fue senador suplente del Senado colombiano, cargo al que no llega cualesquiera.

 

Según Moreno Baramdyka, en diciembre de 1985 fue llamado “al cuartel general de las Fuerzas Armadas, en la Alameda para una entrevista con el ''coronel Gutiérrez'', jefe de las operaciones de narcotráfico. Respondía directamente al general Humberto Gordon, entonces jefe de la CNI", que fue sucedido por el general Hugo Salas Wenzel. Le confirmó lo que le había comentado Bathich. "Un problema serio, agregó el ''coronel Gutiérrez'', era que las cosas estaban saliendo mal en Estocolmo", base principal de las operaciones terroristas y relacionadas con narcotráfico de la DINA y la CNI.

 

Relató incluso su participación en los negocios de la CNI en Madrid, organizando una nueva red de venta de cocaína para sustituir al centro que funcionaba en Estocolmo. Uno de sus contactos fue un oficial chileno destinado antes a la capital sueca. Agregó que en 1986 (marzo/junio/octubre) y 1987 (marzo/junio), organizó "numerosos vuelos desde Chile con embarques de cocaína por un peso total de 12 toneladas disimuladas en envíos de bombas de racimo para Irán e Irak”. Aquí cabe recordar que en los años de 1990, el chileno Jorge Chadwick, pariente de los muchachitos de la UDI, fue apresado y condenado en Suecia por narcotráfico, es decir que las viejas redes establecidas durante la dictadura a esa altura aún funcionaban. 

 

Según todos estos declarantes, los envíos de los llamados precursores de la coca, el éter y el amoníaco, se hacían desde la Fábrica de Material de Guerra del Ejército (FAMAE) en Santiago y eran llevados en vehículos militares al aeropuerto de Pudahuel. También se enviaba droga, seguramente la que destilaba Berríos y esta  se destinaba a Europa y puntos intermedios, a menudo el Aeropuerto de Port au Prince, en Haití o a las Islas Canarias. Uno de los aviones utilizados para los embarques había sido contratado por una compañía británica registrada como Quinn Freight, y fue el mismo que usaron Robert Mc Farlane y el coronel Oliver North para viajar a Irán a negociar el plan Irán-Contras.

 

Pero, eso no es todo, está también la organización colombiana que operó en Chile, donde su cabeza visible fue el empresario Manuel Losada. La Ración dijo que de acuerdo a un testimonio secreto que obra en su poder, y que fue escrito por los agentes del OS-7, en Miami, el ex operador colombiano del cartel de Cali en Chile, Carlos Zuluaga, nunca integrado al proceso,  además habría lavado dinero actuando con un conocido fabricante de armas chileno. “Para poder montar esta operación Zuluaga se contacta con un coronel de inteligencia del Ejército chileno, el que le da antecedentes sobre la calidad de los radares y ubicación de éstos en el Norte, entregándoles una sombra que permitía a una aeronave ingresar al país a baja altura sin ser detectada. El punto de referencia que da el coronel son las ciudad de Iquique y Arica; habla de un salar que es usado como pista de aterrizaje (Pica)”, dice el informe de Carabineros. La idea era traer el dinero a Chile, confundido con los embalajes de las armas que iban a mostrarse a Europa en exposiciones bélicas.

 

Algunos de estos hechos ya fueron mencionados en investigaciones periodísticas como La Delgada Línea Blanca, del periodista Rodrigo de Castro y en Crimen Imperfecto, indicó La Ración.

 

Algo que llama la atención es la declaración hecha por el narcotraficante peruano, Justo Cornejo Hualpa, quien mantuvo vínculos con el asesinado químico de la DINA, Eugenio Berríos. “A mi finca iba la alta sociedad chilena, políticos, militares, legisladores, hasta a los hijos y sobrinos de Pinochet los vi alguna vez. Todos eran viciosos, todos eran amigos”, dijo en una declaración que recogió el 19 de julio del año 2004, El Mercucho, que esta vez y como nos conviene, parece que no miente.

 

Hasta el empresario Carlos Cardoen, el muchachito de las bombas de racimo en el pasado y del valle de Colchagua en el presente, afirmó que son ciertas las versiones que hablan de que Augusto Pinochet se enriqueció gracias a la industria de armamento y más aún sostuvo que “por supuesto que traficó” y que “sin duda” Pinochet recibió coimas. En conversación con el programa Entre Nueve y Una de radio Cooperativa, el empresario sostuvo que no lo cabía duda de que el origen de la fortuna de Augusto Pinochet pudo haber provenido de esa lucrativa profesión, que él conoció y mucho.

 

La cosa va quedando más o menos clara, pero ClariNet, tiene su propio aporte. Tal como señala un periodista estadounidense, a las pocas semanas del golpe Pinochet agarró una serie de personajes del hampa, algunos presos y otros en libertad, y los envió a Estados Unidos, rotulándolos de narcotraficantes, aunque no lo fueran, si acaso su pecado era haber consumido.

 

Por esos años, el tráfico en Chile era menor. Unos cuantos negocios en el centro de Santiago, otros tantos prostíbulos como el de la Lechuguina y el Zapatita Farfán donde se vendía papelillos de un gramo de coca y alguno que otro cabaret con patente legal, el viejo  Mon Bijou que sigue en la Plaza de Armas, uno que había en Bandera y Huérfanos en un subterráneo que hay allí, y el infaltable Zepelin, casi junto a la Estación Mapocho.

 

Los que mandaban coca a Estados Unidos eran vendedores independientes como la Amanda Huasaf de Valparaíso y sus hijos, al calor del capital acuñado en el prostíbulo que ella administraba en el viejo Almendral. Había otros en Santiago, entre ellos un químico famoso conocido como El Negro de la Mala Raya porque siempre se le quemaban los alambiques que fabricaba con tremenda celeridad y quienes refinaban una cantidad limitada, como Juanito Leppe, quien fabricaba dos kilos de cocaína mensuales para unos industriales textiles de una familia árabe muy conocida y actuante en el Chile actual. A Juanito, lo callaron para siempre para que no revelara el secreto de los dos hermanos instalados con una gran industria en lo que hoy es San Joaquín y que no usaban la droga para francachelas, si no para estar siempre frescos, pese a trabajar 14 o 16 horas al día, asistir a almuerzos y comidas de negocios, a cocteles y otros compromisos similares, sin que jamás un trago les hiciese mella.

 

Sin embargo, la dictadura asumió que eran narcos peligroso los que remitió a Miami y de paso, los declaró protegidos, en una infamia más, de Salvador Allende. Hoy se sabe que se trató de reemplazarlos por agente de la DINA. Sin embargo, hay algo más. Uno de estos extraditados al voleo, fue Mario Silva Leiva, el Cabro Carrera, que hasta ese entonces era lanza internacional, cafiche y estafador, indudablemente consumidor de cocaína. Provenía de los rangos criminales de Gilberto Godoy, el capo del antiguo barrio Matadero de los años de 1930 y 1940, jefe de los golpeadores al servicio de la familia Alessandri. Amo de las apuestas ilegales de caballos, tenía entre sus corredores al Cabro Carrera, uno más de su cartilleros como se les conocía en esos tiempos. Es decir, Silva Leiva era un hampón de poca monta, pero de derecha y al servicio de esta.

 

Oscar Mario Silva Leiva, alias El Cabro Carrera, nació el 30 de octubre de 1924, en el barrio Matadero Franklin de la capital. Desde temprana edad se dedicó a lanza y escapero y en esas estaba cuando lo descubrió Gilberto Godoy. A fines de 1973, la dictadura lo expulsó a Estados Unidos, junto a otros 19 supuestos narcotraficantes, acusado de ingresar ilegalmente a ese país más de una tonelada de clorhidrato de cocaína, entre 1969 y 1973. Pero, a partir de ese momento comienzan las cosas raras con el Cabro Carrera.

 

Lo encerraron  en una cárcel de Miami, donde estaba lleno de colombianos. Lo tuvieron encerrado el tiempo justo para que se relacionara con ellos y al poco rato había quedado libre. Según las idílicas historias contadas por La Teresa, se rumoreó que logró un acuerdo con la justicia tras delatar a otros delincuentes, lo que era una mentira.

 

Por un lado, lo dejaron suelto porque en verdad en materia de narcotráfico no había mucho de que acusarlo, y por el otro, porque sin lugar a dudas, lo estaban preparando desde los sótanos de la inteligencia militar para cosas más grandes. Sin  saber leer ni escribir, pudo viajar a Europa y se radicó en Italia, sin que nadie lo molestara. Allí hizo un curso rápido en organización mafiosa e inició sus primeros contactos con el mundo del narco. En 1984 fue condenado, en ausencia, a 10 años de presidio por tráfico de drogas, pero ya vivía en Brasil, desde donde también debió salir por el mismo delito.

 

Viajero impenitente, en 1986 se estableció en Holanda; un año después se trasladó a Francia y luego a Argentina. En 1989 regresó a Chile por el paso Los Libertadores, al ser levantada la prohibición de ingreso que tenía. Usó millones de dólares en levantar el edificio Copacabana, en calle San Antonio 723, y compró el motel Los Paltos, en Buin, además de ser dueño de propiedades diversas y caballos de carrera. En 1992 fue detenido por presunta evasión tributaria, pero la Corte Suprema en manos de puros viejos pinochetistas en ese entonces, lo dejó en libertad. ¡Que suertudo!

 

En 1996, durante el cierre de la Teletón, en el Estadio Nacional, sus hijos Ana y Carlos donaron tres millones de pesos en su nombre, “ya que todos los empresarios tienen que dar”, explicaron. Poco después fue preso por lavado de dinero por 3.000 millones. La protección dictatorial había terminado. Se dice y no hay muchas razones para dudarlo, que en realidad cuando lo enviaron a Miami en 1973, fue para infiltrarlo en el narco. Su misión era convertirse en un eslabón del mundo mafioso de la cocaína y ahora queda en claro por qué, por quien y para qué.

Las razones profundas de una crisis que tiene una larga historia y cuyo trasfondo es la enemistad entre dos pueblos, el árabe y el judío, que no han sido capaces de vivir en paz.

 

Por Valentin Yurchenko

 

MOSCU -- La crisis del Medio Oriente, aparentemente fue provocada por el secuestro de soldados israelitas, primero por parte de Hamas, el movimiento de resistencia islámica palestino. Luego, varios días más tarde, fue el turno de la guerrilla chiita de Hezbollah, que domina parte del sur del Líbano.

 

Para la mayoría de los analistas, las raíces de lo que esta ocurriendo hay que buscarlas en el jamás resuelto conflicto árabe-judío, especialmente por la ausencia de soluciones positivas en las relaciones entre Palestina, Siria e Israel.

 

Para algunos expertos, es razonable pensar que Hezbollah actuó impulsado por su solidaridad con Hamas, lo que fue más o menos evocado por el Sheik Nasralla, uno de los jedes de la guerrilla libanesa, quien dijo que “no podemos tolerar la actitud pasiva del mundo has árabe, que se muestra indiferente ante el extermino a sangre fría de los palestinos”.

 

Las acciones de Hezbollah, de alguna manera, representan el sentir entre muchos árabes. Sin pensar en eso, Israel respondió de inmediato a los secuestros y como lo han dicho varios gobernantes, de manera desproporcionada al potencial de su rival. Sin embargo, en medios diplomáticos se reconoce que sin bien la respuesta israelí fue exagerada, era “lógica y predecible”.

 

El  nuevo gobierno de Tel Aviv necesita demostrar fuerza y resolución para afianzarse ante su pueblo. El primer ministro Ehud Olmert intenta imponer la idea de que es un dirigente al que no le tiembla la mano, dada la complicada situación interna, donde el político es sometido a presiones de las diferentes fuerzas. Incluso el ejército quería aplicar mano dura de verdad, porque muchos generales estiman que los extremistas musulmanes los han hecho aparecer como débiles.

 

En los hechos, esas respuestas aparecen ante la opinión pública internacional como apresuradas y sin justificación. Es evidente que tanto en Gaza como en Líbano han sido los civiles y no los posibles culpables, los castigados.

 

 Un examen más frío indica que si bien los movimientos guerrilleros han sido severamente debilitados, todo apunta a que estas organizaciones sobrevivirán. La historia en el Medio Oriente en las últimas décadas indica que estos movimientos han demostrado capacidad para reorganizar sus filas y reconstruir su infraestructura. Esto, hará que renazca la autoridad y el atractivo de Hamas y de Hezbollah, los que sin importar el resultado del enfrentamiento actual, podrán proclamarse como vencedores en forma creíble entre los suyos.

 

Israel, a su vez, quiere liberar a sus soldados y destruir lo que considera la infraestructura terrorista en Gaza y Líbano.

 

Pero, hay varias preguntas en el medio. ¿Qué es lo que Hamas y Hezbollah realmente quieren con los secuestros? ¿Es verdad que ellos intentaron la liberación de sus camaradas desde las cárceles judías?.

 

Israel piensa que en verdad Hamas y Hezbollah actuaron bajo las instrucciones de Siria e Irán, lo que no es imposible.

 

Tehrán, bajo la presión de la comunidad internacional para que acabe con su programa de producción de combustible nuclear, perfectamente pudo haber usado sus influencias entre los extremistas árabes para que se agrave la situación en Gaza y Líbano y así hacer olvidar a Irán y su uranio enriquecido.

 

Si así fue, se trató de un cálculo errado porque los hechos del Medio Oriente no han hecho olvidar el desafío iraní. A nadie se le escapa que lo que sucede en Palestina y en Líbano es menos importante que el régimen de los ayatolas con armas atómicas en su arsenal. Y eso cuenta tanto para Estados Unidos, como para China o Rusia.

 

Siria, por su parte, encontró una veta para postergar sus problemas domésticos, sin embargo no es una ganancia a largo plazo. El gobierno de Damasco sabe perfectamente que entregar respaldo a extremistas y terroristas, siempre ha resultado un mal negocio y frente a Israel no sirve de mucho y solo estimula la respuesta militar de Tel Aviv. Siria, hoy, no es una potencia bélica por lo que un enfrentamiento no serviría para otra cosa más para que fortalecer a la oposición.

 

Damasco igualmente sabe que los islamistas extremistas, sin importer su nacionalidad, es un socio de muy corto plazo, un gobierno que a la larga se transformara en un rival político e ideológico, que no acepta “un Estado islámico de verdad”.

 

En la actual coyuntura, si hay guerra entre Siria e Israel,  nadie saldrá en su rescate porque nunca ha sido un aliado estratégico, ni para Irán ni para el resto de sus  supuestos hermanos árabes. 

 

Sin embargo, la posibilidad de una confrontación total entre ambas naciones, no se considera como inminente, porque ninguno de los bandos desea poner en peligro fronteras que por el momento son tranquilas y seguras, algo que en todo caso no simplifica el resto de la situación en el Medio Oriente.

 

En lo que respecta a Gaza, Israel no tiene con quien hablar. Su único interlocutor posible, el presidente Mamoud Abbas, no controla la situación. Hablar con Hamas, sería el equivalente a una derrota, lo que menos quiere Olmert.

 

Se dice que algunos mediadores como Egipto pueden ayudar, pero Israel no quiere que actúen públicamente y deberán hacerlo en secreto. Líbano ofrece sacar a Hezbollah de la frontera, pero nadie le cree y no son pocos temen que un intento por hacerlo, desate una guerra civil.

 

Todo indica que más allá de amenazas y declaraciones, la solución no es militar, porque el precio en vidas y la destrucción material, solo envenena aún más la relación entre Israel y sus vecinos y abre puertas a los mutuos extremistas.

 

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